Las mil y una noches en
#MOTOZINTLA
I
Recuerdo tener diez años o menos a partir de que comencé a
tener conciencia de tener un abuelo. Nos llevaba a mi hermana a mi a un pasillo
que había afuera de la casa y que colindaba con otra propiedad, la de mis
padres y ahí junto a las macetitas de plantas ornamentales comenzaba a relatar
historias magistrales de encantos, de sorpresas, de misterios y de promoción de
la obediencia. Nosotros tuvimos un gran cuentista cerca.
II
Cuenta mi padre que siendo un adolescente su segundo padre,
mi abuelo Rodrigo Salomón Roblero
Roblero conminó a enfocar su visión a un trabajo menos pesado, dijo “con tu
capacidad pudieras apoyar a un conocido que tengo en la oficina de la
presidencia”. Así entonces obediente y voluntarioso supo lo que sería su
destino como empleado ya no del campo y si de escritorio.
II
Mi abuelo vino de La Grandeza, supongo que allá nació, me
cuentan fue presidente de ese lugar, allá tiene descendencia. Todos los Roblero
son parientes, diez años después de su muerte vecinos de Bejucal de Ocampo y el
Porvenir se acordaban de un tío llamado Rodrigo.
III
Una rutina sagrada luego de cenar y antes de dormir, era
aislarse, iba al patio a un lado del tanque, al aire libre, donde la luz de las
lámparas no alcanzase, cuidadoso de no estorbar el paso de alguno que pasase al
sanitario de última hora y con profunda concentración, sus palabras parsimoniosas
no se referían a un Dios iracundo, sino a un padre celestial, creador del universo.
Su plegaria siempre a la misma hora y en conexión única con su espiritualidad.
IV
Su lealtad al PRI, fue distinguida, guardaba algunas de las
mantas con leyendas a favor del líder en turno, se utilizaban en los desfiles y
luego eran recicladas para apoyar a otro, el celosamente las guardaba. Una
ocasión cuando se había anunciado la visita del entonces candidato a gobernador
Patrocinio González Blanco Garrido a Motozintla, mediante instrucciones del
presidente municipal pobladores habían trabajado todo el día para pintar
en el cerro con grandes piedras blancas una leyenda en el camino a Caballete, decía “Motozintla con Patrocinio”
visible en la zona urbana blanco, su desagrado fue visible cuando al otro día
al levantarse la leyenda había cambiado decía: “Motozintla con LATROCINIO”
V
Le gustaba la música.
Me dijeron que desde muy pequeño aprendió a tocar la marimba
y su talento era notable, pues aunque no
le alcanzara la estatura para tocarla, le ponían un banquito para trepado
encima tocase igual que todos.
Yo aprendí algunas estrofas de “Perfidia, vereda Tropical y
Solamente una vez”, pues era muy frecuente que las entonara.
VI
Bebía con un conocido compañero de parranda, Don Chepe el
nevero. Era mala influencia don Chepe o mi abuelo ¿Quién sabe?. La espera de la
hora del trabajo al menos una vez a la quincena era larga, pues habían
prolongado la parranda los amigos. Su bebida Tequila Cuervo “José Cuervo” del
blanco.
VII
Todo el tiempo lo recuerdo yendo y viniendo de su trabajo en
la presidencia municipal. Algunas veces titular de oficina, otras auxiliar.
En un beliz de cuero con hebillas y correas dobles guardaba
como un tesoro muchísima correspondencia con el profesor Edgar Robledo Santiago
en la que el trato era de queridísimo hermanito, ruego al Gran Arquitecto del
Universo tu bienestar propio y el de tu familia.
Así también fotografías que le enviaba un primo de sus viajes por el mundo y dos trajes completos que estaba a destinado a usar en ocasiones solemnes. Uno de esos usó el día de su funeral.
Así también fotografías que le enviaba un primo de sus viajes por el mundo y dos trajes completos que estaba a destinado a usar en ocasiones solemnes. Uno de esos usó el día de su funeral.
VIII
Una caligrafía estética inimitable. Mi hermana y yo, aprendimos a firmar un día que
lo vimos dibujando algunos caracteres en un oficio.
Educado, fino, pulcro, solemne en su trato y su lenguaje. Por
eso siempre era el Secretario Municipal o el Oficial Mayor del Ayuntamiento,
todavía veinte años después de muerto un día me dijo un excolaborador suyo,
guardaba una copia de un discurso presidencial hecho con “el puño y letra de
don Rodrigo Salomón Roblero Roblero”.
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